
Me da cuerda para que siga caminando, pero una vez rodado ya no puedo detenerme y la ventana estaba justo al lado, por desgracia o por suerte me tiré de lleno por ella y caí a la calle.
Hoy está muy iluminada, la veo distinta desde aquí abajo la gente ríe los niños juegan y por lo general se respira alegría parece un pueblo pequeño pero esconde grandes secretos.
Corre aire fresco y pude sentirlo por primera vez en mi cara, creo que tengo cuerda para rato, mientras, yo sigo avanzando por la calle.
De pronto se acaba la calle y me dirijo a un lugar muy peculiar, una especie de acantilado donde únicamente hay un árbol rodeado de hierba verde, sus raíces asoman con fuerza y sentado en ellas se simula una silueta.
La luz va menguando y yo aunque sea de hojalata avanzo dificultoso por un camino no asfaltado.
Cada vez más cerca del árbol siento como la llave de mi espalda empieza a encasquillarse pero tropiezo con una de sus raíces y quedo tumbado en la hierba.
Una mano me recoge por la espalda y pude contemplar un niño vagabundo, de ojos empañados y mejillas sucias, vestía de trapos y le acompañaba una melena desaliñada.
No tuve miedo porque me tranquilizó con una humilde media sonrisa.
Muy cuidadosamente me posó sobre la raíz apoyando la espalda contra el tronco.
Pensé en decir algo pero las palabras no salieron de mi boca y la luna que tímidamente se postraba, iluminaba su rostro pálido.
Y así sin decir nada dejó que pasara el tiempo quizás si le preguntaba conseguiría sonsacar lo que su mente inquieta le planteaba pero estaba tan paralizado en aquel momento que era incapaz de emitir sonidos.
Asombrosamente después de todo ese tiempo tan locuaz sin dejar de mirar al frente dijo: Soldadito, si tu supieras escuchar yo te diría que este árbol es la fuente de la que yo bebo, que a sido mi compañero de juegos y batallas donde cualquier terrorífico ser a sido abatido por mi arco y espada y donde ni lobos ni pumas osaban acercarse.
En invierno una fina capa de nieve cubre sus hojas y yo para salvaguardarlo, la retiro con las mangas de mi abrigo.
En primavera las noches son tranquilas aquí, el viento golpea sus ramas que a su modo me resguardan a mí.
Pero en verano justo donde estamos ahora sus extremidades me ofrecen sombra y por las noches cuando el aire es débil es muy gratificante dormir en el tronco más alto y grueso que tiene.
Lo demás, tendrás que averiguarlo tú, porque yo te doy mi sitio y si cuidas de él tanto como e hecho yo entenderás porque aquí la luna tiene diferente significado.
Es hora de que yo me vaya aunque es probable que la próxima vez sea yo quién me tropiece contigo.
La figura del chico se convirtió en una ilusión que parecía desvanecerse entre los árboles, y así sin poder reaccionar sin pedirlo ni quererlo me convertí en guardián de aquél lugar donde el viento, el agua y el calor oxidarían mi cuerpo y mi mecanismo interior.